El TRONO DE DIOS - testimonio del cielo Baxter

El cielo es un lugar real. Es un destino literal. No es ningún sueño efímero o visión imaginaria. Dios nos ha revelado a todos en las Sagradas Escrituras muchas de las realidades del cielo. EL PRIMER CIELO Primero hay un cielo atmosférico. Se trata de la atmósfera alrededor de la tierra. Es donde vuelan los pájaros y los vientos soplan. Es donde se forman los chubascos, las tormentas, la neblina, los vapores y las nubes. El primer cielo es el sitio al cual se refería el ángel en Hechos 1:11 cuando le preguntó a los discípulos por qué estaban “mirando al cielo”. Jesús, cuando le habla ba a su Padre, levantaba “los ojos al cielo” (Juan 17:1). EL SEGUNDO CIELO Luego está el cielo del espacio. Esa es la región del Sol, la Luna y las estrellas. Se menciona en muchos lugares en la Biblia, algunos de los cuales se dan aquí: (Génesis 22:17)17 De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar;y tu descendencia po seerá las puertas de sus enemigos. (Deuteronomio 4:19)19 sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. (Job 38:31-33)31 ¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, o desatarás las ligaduras de Orión? 32 ¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos, o guiarás a la Osa Mayor con sus hijos? ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dis pondrás tú de su potestad en la tierra? (Isaías 13:10) 10Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. (Mateo 24:29) 29 E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. EL TERCER CIELO Es el destino de los justos. No obstante, se encuentra más allá de la atmósfera y del cielo estrellado. Es el lugar al que se refería el apóstol Pablo cuando escribió: (2 Corintios 12:2 vp). “Conozco a un seguidor de Cristo, que hace catorce años fue llevado al tercer cielo El cielo, como lo utiliza la autora a lo largo de este libro, es la región de la que se habla a menudo como la presencia inmediata de Dios: (Hebreos 9:24) 24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; El cielo es donde vive Dios. Cuando Jesús nos ense ñó a orar nos dijo que lo hiciéramos al “Padre nuestro que estás en los cielos” (Mateo 6:9). En 1 Reyes 8:30, al cielo se lo llama el lugar en que vive Dios. En Salmo 11:4, se lo llama el templo santo de Dios y el lugar en que está su trono. Allí, en el templo de la majestad divina de Dios, se revela su excelsa gloria de la manera más evidente. Es un lugar sagrado de luz, alegría y gloria. No sabemos exactamente dónde está ubicado, pero a menudo se in dica el cielo en la Biblia como que está “arriba”. Sabemos que el Dios todopoderoso está en el cielo. Allí, el Padre y Jesucristo son el enfoque central de los santos, los ángeles y todos los seres que lo adoran. ¡Qué gloriosa compañía hay en el cielo! Allí están los ángeles, porque Jesús dijo (Mateo 18:10). “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Allí están los redimidos, pues Jesús nos prometió (Juan 14:3) “ donde yo estoy, vosotros también estéis”. Se nos dice en 1 Pedro 1:4 que se ha reservado una herencia para nosotros en el cielo que es incorruptible, inmarcesible y que no desaparecerá. Hermanos, me entusiasmo cuando testifico acerca de mi hermosa visita al cielo. Me emociono al describir las cosas que ví y los seres que conocí. LA ALABANZA DEL CIELO Después que el ángel de Dios me mostró la habitación de las lágrimas, repitió el estribillo que le escuché decir tan a menudo a lo largo de mis visitas al cielo: “y mira la gloria de tu Dios!” El esplendor radiante y magnífico del cielo me abrumó. Los efluvios de gloria que parecían surgir de todo lo que veía me llenaban de admiración. La belleza y gloria de esa hermosa tierra no puede ser descrita con precisión por el ojo de la mente a menos que la persona la haya visto personalmente. En ese momento me vinieron a la mente las pala bras que una vez había yo oído citar a alguien: La luz del cielo Es el rostro de Jesús. El gozo del cielo Es la presencia de Jesús. La armonía del cielo Son las alabanzas a Jesús. El tema del cielo Es la obra de Jesús. La ocupación del cielo Es el servicio a Jesús. La plenitud del cielo Es Jesús mismo. Según iba yo en compañía del ángel, pude percibir por todas partes gozo, paz y felicidad. Mis pensamien tos volaron hacia mi familia en la tierra, y pareció que el ángel los leyó, pues me dijo: “Tienes una misión que cumplir para Dios. Les tienes que decir a las personas de la tierra lo que hay acá arriba. Dios te está mostrando parte del cielo, aunque no todo. Ven y mira la gloria de tu Dios.” Cuando llegamos a nuestro destino, pude oír muchas, muchas voces cantarle alabanzas a Dios. La magnífica música de los adoradores del cielo llenaba mi alma de emoción. Las expresiones de honra y gloria hacían eco repetidas veces en la vasta expansión del cielo según los serafines y los redimidos cantaban con vehemencia himnos de alabanza. APROXIMACIÓN AL TRONO Mi alma se llenó de emoción y de alegría. De algún modo supe que nos acercábamos al trono de Dios. El ángel que me guiaba se detuvo a gran distancia del trono de Dios. Pude entonces tener una visión panorámica de lo que allí ocurría. Ví la misma escena que vió Juan en la visión que describió en Apocalipsis: (Apocalipsis 5:11) 11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, ¡Oh, moradores de la tierra, si sólo pudieran percatarse de lo que Dios tiene reservado para los que lo amamos! Según miraba yo fijamente y con arrobamiento la escena ante mí, sucedió algo incluso más maravilloso. Pude oír a todo volumen las miles y miles de voces que alababan a Dios. Entonces, maravilla de maravillas, el ángel me permitió mirar lo que siempre había yo deseado ver, el trono de Dios. EL GLORIOSO TRONO DE DIOS El trono de Dios estaba “alto y sublime” (Isaías 6:1). El río de la vida, que salía de debajo de su base, fluía con toda su belleza y pureza. La gloria de Dios opacaba el trono. Parecía como silos relámpagos, los truenos y las voces estuvieran todos alrededor del trono. Juan, al describir una visión que tuvo del cielo, dijo: (Apocalipsis 4:5)5 Ydel trono salían relámpagos y truenos y voces;y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios. Vi un arco iris encima y alrededor del trono, “semejante en aspecto a la esmeralda” (Apocalipsis 4:3). Los brillantes y magníficos matices del arco iris se mezclaban y producían colores intensos y deslumbrantes. Se trataba de algo diferente de cualquier cosa que jamás hubiera yo visto en la tierra. Los variados colores de luz resplandeciente significaban gloria y poder. Salían del trono llamaradas de esplendor. Rayos de gloria irradiaban de él. ¡Gran parte del cielo parece transparente y esos gloriosos rayos que salen del trono están llenos de una luz que se refleja en todo el paraíso! No sé cuánto tiempo permanecí en este anfitea tro celestial, pero me sentí abrumada de admiración. Pensé acerca de los miles que habían venido al cielo y de los muchos miles que vendrían aún. Pensé en la santidad de Dios, en la pureza de su majestad y en la perfección de su Palabra. Grité en voz alta: “ Dios, qué maravilloso es contemplar tu gloria, tu majestad y tu poder!” Como antes, el ángel del Señor me dijo: “Ven con migo. Hay muchas otras cosas en el cielo que quiero mostrarte.” LA HABITACIÓN DE LOS REGISTROS Me asombré al ver una habitación en la que se llevaban registros meticulosos. El ángel me dijo que Dios hace que sus ángeles mantengan registros de cada servicio el ángel me recordó que yo debería hacer también un registro de estas cosas. Me dijo que habían muchas cosas que eran un misterio para mí, puesto que yo estaba viendo solamente de forma oscura (1 Corintios 13:12). Pero el ángel hizo hincapié en que yo le tenía que contar a la gente de la tierra acerca de las cosas que veía. Al llegar a otra parte del cielo, bajé la mirada hacia un corredor muy largo. Sus muros eran altos y parecían de platino. Yo podía oír las fuertes alabanzas a Dios sonar fuera continuamente. Me asombré de la brillantez de luz y gloria que reflejaban aquellos muros. Perpleja, pregunté: “ Qué significa esto?” Parecía como que los muros tenían kilómetros de largo. No podía ver el fin de ellos. EL GRANERO DE DIOS El ángel que me estaba mostrando estas cosas dijo: “Mira en la parte superior de este muro.” Allí en la parte superior de él estaba grabada la palabra “Granero”. Cuando le pregunté: “ son estos aposentos?” ¡El ángel me dijo que ellos contenían las bendiciones que estaban almacenadas para el pueblo de Dios! El cielo es pureza perfecta, y Dios quiere purificar a sus santos en la tierra para que gocen del ambiente del cielo. El cielo es plenitud de gozo, y Dios desea darle gozo a su pueblo en la tierra. El cielo es libertad perpetua, y Dios anhela que su pueblo sea libre mientras esté en la tierra. El cielo es salud perfecta, y Dios quiere que su pueblo sea saludable aquí en la tierra. El cielo es seguridad total y Dios quiere que su pueblo se sienta confiado y seguro aquí en la tierra. El cielo es realización y cumplimiento, y Dios desea que su pueblo se sienta realizado en la tierra. Cuando Jesús nos dió instrucciones de que oráramos a Dios: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mateo 6:10), nos reveló que Él quiere que tengamos un anticipo del cielo aquí en la tierra. Hermanos, el Señor tiene graneros de bendiciones justamente para ustedes. Aguardan en el cielo por que se los reclame y se los reciba ahora, aquí en la tierra. Dios quiere salvarlos. Quiere libertarnos. Quiere sanarnos. Quiere que conozcan “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Quiere que experimenten una alegría y un “gozo inefable y glorioso” (1 Pedro 1:8). EL JESÚS SANADOR “Mira la gloria de tu Dios”, proclamó el ángel. Cuando desapareció, he aquí que Jesús estaba a mi lado. Miré a Jesús. Ahora me parecía que era más alto que de lo que yo lo había percibido antes. Su brillante túnica era muy elegante y llena de gracia. Las sandalias embellecían sus cicatrizados pies, y su rostro y cabellera eran magníficos y hermosos. Según lo miraba fijamente, le pregunté: “Jesús, ¿qué son estos aposentos?” El Señor no me respondió, sino que alzó su mano y la extendió hacia el muro. En ese momento, apareció en éste una gran abertura. Por todos los alrededores de los bordes de la abertura se veían gloria, poder y luz. Lo mismo que los demás objetos, parecía como si este le diera gloria a Dios. Exclamé: “ Señor, ¿qué significa esto?!” Me dijo entonces: “Hija mía, éstos son para mi pueblo. Son para los pecadores en la tierra, si solamente creen. Morí para sanarlos.” Al mirarlo a los ojos, supe que quería que la gente creyera que Él, Jesucristo, había muerto para que pudiéramos ser sanos. Dijo: “Las sanidades están en espera de las personas en la tierra. El día ha de llegar cuando habrá una avalancha de milagros y sanidades sobre la tierra.” Continuó diciendo: “Hija mía, hasta donde alcanza tu vista, puedes ver estos edificios de suministro o graneros. Las bendiciones que se contienen aquí aguardan por la fe de los que están en la tierra. Todo lo que tienen que hacer es creer y recibirán, creer que soy el Señor Jesucristo y que yo puedo hacerlo, y recibirán mis dones.” “Cuando vuelvas a la tierra”, subrayó, “acuérdate de que no eres tú quien sanas. No es la vasija la que sana; soy yo. Sólo dí mi Palabra y ora y haré la sanidad. Cree que la puedo hacer.” Yo grité: “ Gloria a Dios! ¡Aleluya! ¡Gracias, Jesús!” Jesús bajó su mano y la abertura del muro se cerró. Entonces, el ángel y yo viajamos a gran velocidad hacia otro sitio. Aquí, también pude oír la música y las magníficas exclamaciones del pueblo de Dios. El ángel me dijo: “Hija, el Señor me ha ordenado mostrarte varias cosas. Cuéntaselas a la gente.” Antes, ahora, y después En este punto de mi visión, el ángel del Señor comenzó a revelarme cosas acerca de las cuales yo me había hecho preguntas con anterioridad. Me empezó a hablar acerca de un gran misterio. Me dijo: “Dios ha hablado y tengo que mostrarte lo de antes, lo de ahora y lo de después. Lo que te voy a mostrar te producirá gran emoción. Te voy a mostrar lo que sucede cuando una persona nace de nuevo. Te mostraré cómo en las habitaciones de registro los pecados de un individuo son quitados por medio de la sangre del Cordero. “Te voy a mostrar lo que ocurre cuando una persona nacida de nuevo muere en la tierra y su alma llega al cielo. Ven y mira la gloria de tu Dios.” Viajamos desde el cielo velozmente y pronto estu vimos de regreso en la tierra. Pude ver la tierra como en una visión, y al ángel que me dijo: “Mira y observa.” Conforme el ángel permitió que la visión pasara ante mí, vi una bella iglesita del campo. No sé dónde se hallaba geográficamente el templo, pero era una iglesia rural, en el interior del país. Con la ayuda del ángel de Dios, se me permitió ver el interior del edificio. Pude ver aproximadamente a unas treinta personas sentadas en los bancos. El pastor detrás del púlpito predicaba basado en este pasaje bíblico: (Isaías 5 5:6-7)6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Según miraba yo esta escena fijamente, ví a un vigoroso ángel encima de la iglesia. El ángel guía que estaba a mi lado me dijo: “Un ángel grande es situado en cada iglesia. Ese ángel tiene a su cargo a todos los demás ángeles de esa congregación.” ÁNGELES EN LA IGLESIA Dos ángeles con libros estaban situados fuera de la puerta del templo. yo podía ver a la gente entrar y salir del templo. Entonces el ángel guía me hizo señas con su mano y pareció como si el tejado retrocediera y pude mirar adentro. Había un ángel a cada lado del pastor en el púlpito. Detrás de ellos había dos ángeles más. En total había cuatro ángeles alrededor del púlpito. Habían dos ángeles en el fondo del templo, detrás de la congregación. Dos más estaban situados a medio camino hacia el frente del pasillo. Arriba, cerca del altar, había dos ángeles más. Así que había bastantes ángeles en el templo y varios de ellos tenían pergaminos y plumas en las manos. El ángel entonces me dijo: “Quiero mostrarte lo que ocurre.” El pastor empezó a hablar, y los diáconos comenzaron a recibir la ofrenda. Conforme se ofrendaba, los ángeles registraban las actitudes de la gente al hacerlo. Registraban los pensamientos de los contribuyentes, si se molestaban al dar para la obra del Señor, o si les agradaba dar la ofrenda y la consideraban un acto de adoración. Los ángeles anotaban todo ello en sus libros de registro. Entonces, los dos grandes ángeles situados en la parte delantera del púlpito asintieron con la cabeza hacia los otros ángeles. Estas actividades de los ángeles eran invisibles para las personas dentro del templo, pero yo las podía ver con claridad. Entonces mi guía me dijo: “Quiero mostrarte algo más. Mira con atención y serás bendecida.” De pronto, pareció como que me hubieran trasladado detrás del pastor. Según el predicaba basándose en el versículo 6: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamale en tanto que está cercano”, pude ver a una multitud de seres celestiales dentro de la iglesia. Los ángeles se regocijaban durante todo el tiempo en que se celebraba el culto. El ministro estaba ungido al predicar ese mensaje. Uno de los ángeles vertía sobre su cabeza algo que parecía fuego. La gloria de Dios salía de la boca del predicador. Entonces se abrió una puerta en el fondo del templo, y un hombre en estado ebrio entró tambaleándose. Caminó hasta el final del pasillo y dijo: “Yo soy la persona de la que usted está hablando, pastor. Necesito al Señor. Necesito ser salvo. Soy alcohólico.” Se postró de rodillas ante el altar y empezó a clamar a Dios. Dos de los diáconos acudieron al altar para ayudarlo. Poniendo los brazos alrededor de él, le preguntaron: — De veras deseas arreglar tus cuentas con Dios? ¿Realmente quieres ser salvo? —Sí, quiero ser salvo —respondió el hombre—. Soy alcohólico. Necesito ser libertado. UN ALMA SE SALVA De repente aparecieron dos ángeles más. Tenían pergaminos en la mano y empezaron a apuntar lo que el hombre decía. Entonces, los diáconos procedieron a presentarle el plan de salvación al hombre ebrio. Ví que este hombre estaba lleno de pecados. Sin embargo, según los diáconos iban orando con él, uno de los ángeles tocó su corazón y de su pecho salió un humo asqueroso, tan oscuro como una nube de lluvia. Cuando ví esto, recordé algunas de los pasajes bíblicos que hablan de los pecados viles que salen del corazón: El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas;y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. (Mateo 12:35) 18 Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y ésto contamina al hombre. 19 Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias. (Mateo 15:18-19) Según el hombre empezó a orar a Dios con sus manos alzadas, ví cadenas gruesas negras que lo envolvían. Era esclavo de toda clase de pecados, pero en es pecial del vicio del licor y la embriaguez. Un diácono le dijo: “Debes confesar estos pecados a Dios para que Él te perdone y así puedas ser lavado en la sangre del Cordero.” Según empezó a confesar sus pecados, un ángel lo tocó. Pude ver fuego salir de las manos del ángel. Las cadenas empezaron a romperse y caerse. Esto le dió una tremenda libertad al hombre, el cual alzó sus manos y alabó al Señor. Se puso de pie y ví la gloria de Dios caer sobre él. Sé que el Señor hizo que se le pasara la borrachera, por que empezó a gritar alabanzas al Señor. Entonces, los dos poderosos ángeles se miraron y asintieron con la cabeza. Ellos regresaron volando por el aire hasta donde estábamos y me dijeron: “Ven y mira la gloria de Dios.” DE NUEVO EN LAS HABITACIONES DE REGISTRO Viajamos con mucha rapidez de regreso al cielo acompañados por los otros dos ángeles. Después de entrar por la puerta, fuimos hacia el final de una hermosa vereda que parecía hecha de oro. Fuimos trasportados con rapidez hasta una preciosa habitación. El ángel me dijo: “Ven y mira lo que hacemos aquí.” El corredor largo en el que nos hallábamos daba a muchas otras habitaciones similares a aquella en la que estábamos entrando. El ángel dijo: “Hay muchos de estos aposentos en el cielo. Éstas se llaman las habitaciones de registro. Observarás lo que se lleva a cabo en estas habitaciones.” El ángel dijo: “Estamos llegando a la habitación que contiene el nombre del hombre que termina de convertirse en la tierra.” En esa habitación, ví que los ángeles provenientes de la tierra rápidamente fueron y le entregaron a otro ángel el informe escrito en un pergamino. Había colocadas escaleras a lo largo de las paredes de la habitación rectangular. Las paredes estaban cubiertas de estantes y todos los libros estaban dentro de ellos. La escena me recordó una biblioteca de la tierra. Otros ángeles, que cantaban y alababan a Dios, estaban en fila delante de un gran escritorio de aproximadamente ocho pies de largo por cuatro de ancho. Había una sección cuadrada en el centro del escritorio, la cual estaba recubierta de oro puro. Era muy bonita. Tallada con hojas y frutas. Se trataba del escritorio más bello que jamás uno podría imaginar. No he visto nunca nada como él, in cluso un cuadro como él, en la tierra. Me sentí sobrecogida por la gloria y majestad de Dios que había en esa habitación. Habían ángeles que subían y bajaban por las escaleras. Continuamente sacaban libros de los estantes y los devolvían a sus lugares apropiados. Varios ángeles esperaban en la cercanía con informes de otras partes de la tierra. Observé que algunos de los libros en la pared tenían tonalidades de color diferentes. Entonces ví a dos de los ángeles de la iglesia que estaban en la fila con un libro que había salido del estante. Contenía precisamente el registro del hombre cuyo nuevo nacimiento terminaba yo de presenciar en la tierra. El ángel que estaba a mi lado me preguntó: — Ves a los dos ángeles del culto de la iglesia? —Sí —le respondí. — Ves el libro que tienen en sus manos? —Sí. —Ese es el libro de registro del hombre que se salvó recientemente. Lo han extraído de los estantes. Ahora deben presentarlo al ángel responsable. Mi guía me explicó que en cada habitación de registro había un ángel responsable. Todo lo que entra o sale de la habitación pasa ante ese ángel. Y todo se hace con miras a la mayor gloria de Dios. Me asombré al ver suceder todo esto. El ángel responsable tenía una mitra luminosa que sobrepasa mi capacidad para poder describirla. El tenía una cabellera dorada y una túnica resplandeciente, blanca con mucho oro en ella. Este ángel espléndido tenía unas alas que al abrirse medían aproximadamente doce pies. Se trataba del ángel más hermoso que yo hubiera visto jamás. Ese ángel era el escribano principal de esa habitación. El ángel responsable me miró e hizo señas de que me le acercara. El poder de Dios me trasladó y llegué con rapidez hasta la diestra del ángel. Me dijo: “Te ha sido permitido estar aquí a fín de que te podamos mostrar lo que sucede cuando alguien nace de nuevo en la tierra. Se lo tienes que contar a las personas allá.” ¡La maravilla de todo ello me emocionó hasta lo indecible! MANTENIMIENTO DE REGISTROS Al mirar delante de mí, las excelsas alabanzas a Dios ascendían por todas partes. Yo podía oír el sonido de campanas, aunque no las podía ver. Ángeles gozosos, sonrientes, magníficos y felices estaban allí con libros en las manos, esperando su turno para hablar con el ángel responsable. Yo empecé a alabar y a magnificar a Dios de nuevo por su maravilloso poder y sus gloriosos hechos. — Has visto a los dos ángeles delante del escritorio?—me preguntó mi ángel guía. —Sí —respondí—. Estaban presentes cuando ese hombre nació de nuevo. Sacó un mensaje del pergamino; como si se tratara de un marcador en el libro. No podía ver lo que estaba escrito en el papel o en el pergamino. Entonces el ángel me dijo: “Mira lo que está escrito aquí”, y me lo mostró. El mensaje había sido escrito en una manera ordenada y bella. Ví el nombre del país, del estado, del condado, de la ciudad y de la iglesia. El ángel me mostró el nombre del pastor y cuántas personas había en el templo. Me mostró el orden del culto. El registro entero había sido anotado. Me mostró a las personas que participaron en el servicio de la iglesia y los detalles de la ofrenda que se tomó. El nombre del hombre cuya salvación yo había visto en la tierra había sido registrado en el papel. El mensaje del evangelio del Señor Jesucristo que se predicó para salvar su alma y el tiempo exacto, hasta el segundo preciso, en el que había nacido de nuevo había sido completamente escrito allí. Grité: “ Gloria a Dios!” Cuando el recuento escrito llegó al lugar en que el hombre repitió la oración del pecador y recibió a Jesucristo como Señor y Salvador, el ángel miró a los otros dos ángeles mensajeros y les preguntó: — ustedes son testigos de que este hombre nació de nuevo a esta hora? — Sí—respondieron—, somos testigos. Estábamos presentes. Él recibió a Jesucristo como Señor y Salvador. Lo vimos suceder. El ruido de la gloria, las alabanzas y los gritos que subieron en ese momento fue asombroso. Todo el cielo magnificó a Dios. Entonces, el ángel escribió algo en el libro que él mantenía y lo cerró. El libro era muy grueso. Y luego me dijo: “Mira detrás de ti.” Ví a muchas personas, santos redimidos, que llevaban vestiduras blancas adornadas esplendorosamente. LA SANGRE DE JESÚS Estos santos redimidos del Dios Altísimo entonaban este cántico: ¡Oh, sólo la sangre de Jesús pudo quitar mis pecados! ¡Oh, sólo la sangre de Jesús Me pudo sanar hoy! ¡Oh, sólo la sangre de Jesús Me pudo limpiar hoy! He sido redimido Por la sangre del Cordero. Según yo observaba, le dieron el libro del hombre a uno de los santos jubilosos. Página tras página fueron lavadas de los viejos escritos. Levantaban las páginas una a una y yo podía ver que cada página había sido lavada en la sangre de Jesús. No permaneció ninguno de los pecados de esta persona. Entonces vino a mi mente este pasaje de Isaías: (Isaías 43:25) 25 Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Pensé: “ Dios, qué hermoso es que tu Palabra aún sigue vigente! Los pecados de ese hombre fueron lavados por la sangre del Cordero.” Según yo miraba, le fue dado el libro a otro ángel. Este ser celestial tenía una cabellera larga y hermosa. El libro fue colocado en una bandeja que el ángel llevaba. Los ángeles se saludaban unos a otros y daban gritos de gloria. El ángel que me acompañaba me dijo: “Ven y mira la gloria de tu Dios.” Empecé a viajar con él a toda velocidad a lo largo de los corredores del cielo.

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